Me gustas como para que tu padre me persiga con escopeta por el pueblo. Como para que me señalen los parroquianos de los bares: 'ahí viene la lesbiana esa'. Me gustas como para iniciar una revolución, un golpe de Estado, como para dejar los vicios: la escritura, el tequila, el cigarro, Dios y mi soledad.
María, no me canso de decir tu nombre lo pronuncio en voz alta, en silencio, lo murmuro lo escribo temblorosa lo repito una, otra vez, lo arropo, lo amo, lo acaricio entre mis labios María. Leí en un artículo de cualquier revista que llamar a alguien por su nombre genera efectos psicológicos María, María, María, lo digo hasta el cansancio hasta hartarme hasta perder la cordura Y tú nunca lo escuchas.